25 junio 2008

No me gusta llevar chanclas


Ya está quí el verano. Menos ropa, sol, playa y gafas de sol fuera de las discotecas, pero, sobre todo, chanclas. ¿Por qué no me gusta llevar chanclas? La evolución de nuestra especie ha conseguido que no podamos andar sin calzado (gracias) y ya puestos, ¿para qué llevar una suela con tres cordones? No puedo con ellas.

  1. Si te preparas un vaso de leche, tienes un 90% de posibilidades de que te caiga una gota rebelde sobre el dedo gordo. Luego conservas esa sensación pegajosa, aunque te hayas limpiado el pie.
  2. Si al vaso de antes le da por saltar desde la encimera, existe un 97'5% de que vaya a parar al mismo dedo gordo (nos complicamos para describir nuestro cuerpo... dedo gordo, ¿si el dedo pensara, qué diría?).
  3. No me gusta sentir el sudor del pie fluir por toda la chancla (¡aaaah!).
  4. Si tienes un problema de olor... no hay barreras para que no se expanda por allí por donde pases.
  5. Como se te haya olvidado cortarte las uñas de los pies, además de ser una cerdada, el cachondeo con las zarpas dura todo el verano.
  6. ¿Quién inventó las chanclas de plástico enrejado? Yo llevé unas que eran de cangrejos.
Seguramente te dirán que vas más fresco, cómodo; chorradas y milongas. Las chanclas sólo sirven para hacer alguna coña que otra.

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